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El exponencial crecimiento demográfico, el cambio climático y la sobreexplotación de los recursos disponibles nos obligan a encontrar nuevos cultivos súper productivos que consuman menos agua y reduzcan al máximo el impacto medioambiental. Por ello en esta ocasión les hablare sobre la agricultura celular.

Su origen no está en las granjas, sino en los laboratorios y es una forma de generar productos agrícolas a través del cultivo de tejidos y células animales. La agricultura celular funciona a través de cultivar tejidos animales destinados a la alimentación, industria textil o médica eliminando la necesidad de sacrificar animales. Esta nueva forma de conseguir cárnicos puede parecernos extravagante e insana, pero la realidad es que tanto el yogur como la cerveza se obtienen siguiendo procedimientos similares.

De modo que, la carne sintética se crea en laboratorios a partir de células madres musculares extraídas de animales vivos. Éstas, que son de fácil multiplicación, se recolectan mediante biopsias, para causar el menor daño a los animales.

Y, aunque aún parece un poco lejana la producción en serie de la carne sintética o de otros productos elaborados a partir de células madre, lo cierto es que las investigaciones y la pruebas avanzan a un ritmo imparable.

En Estados Unidos, empresas como Memphis Meats ya ofrecen una línea de productos de tiras de pollo y pato generadas in vitro. Dos grandes magnates, Bill Gates y Richard Branson, y grandes corporaciones de la industria alimentaria, entre ellas, Thyson Foods, han invertido en esta iniciativa.

El objetivo y oportunidades de mercado

Esta técnica puede asegurarnos una continuidad en el consumo de la carne como alimento rico en proteínas, pero a un coste tanto medioambiental como económico mucho menor. Permitiendo, por lo tanto, llevar estos alimentos a países donde escasean o son imposibles de obtener.

Además, los controles sanitarios harían que estos alimentos fueran mucho más seguros, eliminando cualquier posibilidad de contagio de enfermedades de origen animal transmitidas a través de los alimentos.

Ahora bien, como cada avance tecnológico o científico, la agricultura celular cuenta tanto como con defensores como con detractores. A favor se sostiene que reducirá el impacto medioambiental, las emisiones de gases y la potenciación de la salubridad en la alimentación.

Por otro lado, encontramos una postura mucho más comedida que prefiere esperar a ver cómo se desarrollan las pruebas y cómo se comercializan realmente estos productos antes de posicionarse.

Estos productos son complementarios a los productos de origen vegetal, ya que el mercado objetivo no son personas veganas o vegetarianas, sino aquellas que encuentran difícil excluir los productos animales de su alimentación. La agricultura celular presenta enormes oportunidades económicas. Varios inversores famosos han apoyado esta tecnología desde su creación. Un número cada vez mayor de universidades y alrededor de 70 empresas y startups de todo el mundo, incluidos algunos de los principales productores de carne del mundo, están trabajando actualmente en el desarrollo de productos de agricultura celular.

En marzo de 2019, el Ministro de Finanzas de Singapur, Heng Swee Keat, anunció el establecimiento de un programa que asigna 144 millones de dólares a la investigación y el desarrollo en torno a los alimentos, incluida la investigación de la carne cultivada.

Pero la agricultura celular no solo aporta un beneficio ecológico, sino también a la hora de abordar los problemas de salud pública derivados del consumo de alimentos de origen animal. Así, el cultivo celular permite disminuir la gran mayoría de riesgos sanitarios relativos al consumo de carne animal, como la contaminación patógena o fecal, el riesgo de infección por botulismo o determinados brotes de zoonosis como la gripe porcina y aviar.

En un mundo amenazado por el coronavirus, la agricultura celular podría convertirse en la solución a este tipo de pandemias.

*Javier López Casarín es presidente de la Fundación Reinventando a México.

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